• Estatua de La Regenta delante de la Casa de la Rúa

    Plaza de Alfonso II El Casto, también conocida como Plaza de la Catedral

    La Regenta

    Antonio Fernández Insuela

    Catedrático de Literatura Española de la Universidad de Oviedo

    A principios de enero de 1885 Leopoldo Alas (Clarín) recibe en Oviedo los ansiados ejemplares del primer tomo de su primera novela, La Regenta (Barcelona, Daniel Cortezo y Cía., Biblioteca “Arte y Letras”, 1884). Por entonces el escritor y profesor asturiano es conocido en el mundo cultural español como autor de algunos relatos breves pero, sobre todo, por su condición de crítico perspicaz, culto, inclinado hacia el Naturalismo literario, exigente y, con frecuencia, agresivo hacia bastantes escritores, lo que le ha creado los correspondientes enemigos. Además, es una persona de pública ideología institucionista y republicana. Por su correspondencia se sabe que tenía cierto temor al resultado artístico de su novela, pues, convencido de que sería mirada con lupa por aquellos a los que él había criticado con dureza, cabía la posibilidad de que les ofreciera argumentos serios para devolverle la moneda.

  • Antiguo Monasterio de San Vicente, hoy sede del Museo Arqueológico de Asturias

    En Oviedo se sabía que la obra de Alas estaba inspirada en personas y lugares de la ciudad, a veces presentados de modo inequívoco, a veces sometidos a pequeños cambios que no impiden su identificación y, en otros casos, caracterizados con datos deliberadamente contradictorios o imaginados, pues el novelista no trata de reflejar matemáticamente una realidad sino que también se guía por su imaginación, ampliándola, distorsionándola o recortando determinados aspectos. Clarín efectúa una detallada exposición de muchos ambientes físicos de la ciudad y de la conducta –muchos vicios y pocas virtudes– de diversos ambientes sociales de Vetusta, topónimo literario que, más allá de su evidente identificación con Oviedo, sirve también para caracterizar cualquier ciudad donde predominen la hipocresía moral y social, la corrupción política y la religiosidad más aparente que sincera.

    Las críticas publicadas en su ciudad no le fueron precisamente favorables. El obispo de Oviedo, fray Ramón Martínez Vigil, se hace eco del rumor de que Clarín ha regalado a sus alumnos de la Universidad de Oviedo “como galardón y como estímulo, un libro saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones injuriosas a respetabilísimas personas”. Y de tono jocoso y descalificador fue el muy breve texto anónimo que, unos días después de haber visto la luz el segundo tomo de La Regenta, apareció en un periódico festivo, Tambor y Gaita, en el que se recomienda la novela de Clarín como remedio contra el

    insomino: “La mayor parte de los capítulos de La Regenta producen un sueño casi instantáneo,tranquilo y reparador. El insomnio más tenaz cede con un par de capítulos, que es la más alta dosis”.

    Para entender las críticas a La Regenta, ya sean favorables, ya sean negativas, hay que tener en cuenta cuál es el contexto literario en que aparece. Son unos años en los que parte de la novela española se orienta hacia el Naturalismo que poco antes había creado en Francia Emilio Zola. Zola consideraba que la novela tenía que presentar personajes y situaciones de la realidad en las que imperaba el determinismo fisiológico y ambiental, de tal modo que los personajes no eran libres a la hora de obrar, ya que la fisiología y el ambiente les obligaban inexcusablemente a portarse de un modo concreto; en consecuencia, la conducta de aquellos no podía juzgarse en términos de moralidad o inmoralidad, de vicio o virtud, pues carecían de libertad de elección. Aunque, en teoría, en una novela naturalista entraría toda clase de temas, en la realidad casi siempre se limitaban a reflejar los aspectos más amargos de la sociedad, las enfermedades, las taras físicas, las profesiones más duras o, incluso, abyectas, porque en tales ambientes se demostraba más fácilmente el determinismo. De esa concepción ideológica se derivaba, entre otras cuestiones técnicas, la necesidad de que el novelista describiese con mucho detalle tanto la fisiología de los personajes como el ambiente

  • material y social en que estos se movían, para así poder explicar su conducta. Por los días de la polémica con el obispo, Alas ha concluido el segundo tomo de La Regenta y en carta a su amigo Pepín Quevedo le comunica que se siente orgulloso de haber terminado a los treinta y tres años “una obra de arte”. Una vez publicada esta, la crítica coincide en señalar la gran capacidad de Clarín para describir la realidad de Vetusta, si bien algunos de los comentaristas consideran que hay un exceso de conductas inmorales e hipócritas, de tal modo que Clarín ha caído “en una exageración mucho más funesta que la del idealismo puro”. Aunque sin la acritud de la crítica precedente, otro comentarista señala que Clarín “estudia el documento humano, como dice Zola, y lo estudia influido, modificado y determinado de una manera especial y típica por el medio que vive Vetusta”. Especial atención se presta a la caracterización psicológica de los personajes, y no deja de haber quien aluda a unos no precisados pormenores obscenos de la obra, que serían perfectamente prescindibles.

    Tras las opiniones inmediatas a la publicación del segundo volumen de La Regenta, mayoritariamente positivas y varias de ellas de verdadera hondura conceptual, Clarín se siente satisfecho de su obra, si bien echa en falta los comentarios que esperaba de ciertos periódicos liberales, falta que en algún caso quizá se deba a cuestiones personales derivadas de su condición de crítico mordaz.

    Palacio de Camposagrado

    Plaza de Porlier

  • Vista de lateral de la Catedral de Oviedo

    Desde la Travesía de Santa Bárbara

    Desde la primera edición hasta 1963, en que la editorial Planeta, en edición del gran clarinista que fue el profesor de la Universidad de Oviedo D. José María Martínez Cachero, publica un volumen más lujoso que popular, únicamente vieron la luz en el ámbito hispánico –Barcelona, Madrid, Buenos Aires y México– ocho ediciones de La Regenta, incluida la que forma parte del caro volumen de Obras Selectas, publicado por Biblioteca Nueva en 1947 en edición de Juan Antonio Cabezas. Anotemos que entre 1908 y 1946 no se publica ninguna edición ni en España ni en Hispanoamérica. Será a partir de 1966, con la edición en la colección Libro de Bolsillo, de Alianza Editorial, cuando La

    Regenta se pueda comprar en España sin dificultad y a precio asequible. A partir de entonces, ediciones académicas como la de Gonzalo Sobejano en la editorial Castalia (1981), la de Mariano Baquero Goyanes (Espasa Calpe, 1984), Juan Oleza (Cátedra, 1984), José Luis Gómez (Planeta, 1989), José María Martínez Cachero (Nobel/Ayuntamiento de Oviedo, 1994), Víctor Fuentes (Akal, 1999) o Gregorio Torres Nebrera (DeBolsillo, 2006), reeditadas múltiples veces, y numerosas ediciones populares han hecho totalmente accesible la lectura de la gran novela de Clarín.

    Aunque de modo incompleto y no siempre fiel a la esencia de una obra, hay otros caminos indirectos de difusión y de popularización de un texto. Son lo que de modo general podríamos llamar derivaciones, que pueden adoptar distintas formas. En el campo del teatro, que forzosamente reduce el número de personajes y situaciones de la novela previa, el director y autor Álvaro Custodio, antiguo integrante de La Barraca, estrenó el 1 de septiembre de 1983 su muy digna y relativamente detallada versión teatral de La Regenta, que será editada por el Ayuntamiento de Oviedo, presidido por Antonio Masip, en 1985, con prólogo del profesor y concejal Rodrigo Grossi. A mediados de los años ochenta, el dramaturgo Francisco Prieto Benito escribe Sombras y fantasmas de Ana Ozores, texto dramático breve (una decena de personajes) y de notorias resonancias unamunianas, en el que Ana Ozores, tras el

    Iglesia de San Tirso

    Plaza de Alfonso II "El Casto"

    final de la novela, pide explicaciones a Clarín. Parte de este texto (que se editó en 1997 por Oris Teatro) se incorpora a la versión teatral de la novela de Clarín realizada por el grupo Margen bajo el título de La Regenta en el recuerdo, que se representó en distintos lugares de Asturias cuando el centenario de la muerte de Clarín (2001). En 2011, el dramaturgo y profesor de la ESAD de Asturias Eladio de Pablo realizó y dirigió otra versión, La larga noche de bodas de Anita Ozores, un esquema esencial de la obra clariniana presidido por el humor y la sátira. Y el 23 de marzo de 2012 Marina Bollaín estrenó en Avilés la aun más farsesca versión que, junto con Vanessa Montfort, hizo de la novela de Clarín. Sin

  • La Fuentona y el Paseo del Bombé

    Parque de San Franciso

  • ningún género de dudas, esta pieza “basada” en La Regenta es la más transgresora de las que al respecto conocemos. La acción se organiza con la estructura de un “programa del corazón”, en el que siete personajes clarinianos, con cambios en sus profesiones e incluso en su sexo respecto del texto inicial, nos presentan de nuevo las hipocresías y distintos tipos de manipulación ejercidas por ciertos tipos de personas. De dicha versión hay una edición digital (en la editorial Musa a las 9).

    Versión escénica, aunque no teatral, fue la “fantasía” basada en La Regenta que en 1978 representó el Laboratorio de Danza de la Universidad de Oviedo, creado por el vicerrector José Benito Álvarez-Buylla. A pesar de que sus integrantes no eran bailarines profesionales (destacarán más tarde en otras profesiones: p. e., la escritora Ángeles Caso, el actor Nacho Martínez, el director de ópera y zarzuela Emilio Sagi o la musicóloga Beatriz Martínez del Fresno), en Los sapos de Vetusta lograron construir un magnífico espectáculo, premiado en 1980 en el muy relevante Festival de Teatro de Sitges. La escena final, con Ana Ozores aplastada por unos bailarines que la aprisionaban y destruían, trasmitía con intensa plasticidad y agobiante dramatismo el amargo desenlace de la obra, el infierno terrenal que esperaba a la viuda del Regente.

    Hay que añadir también la versión cinematográfica de 1974, que, dirigida por Gonzalo Suárez, con guión de Juan Antonio Porto y

    protagonizada por Emma Penella, Keith Baxter, Nigel Davenport y Adolfo Marsillach, recibió críticas un tanto dispares.

    Por el contrario, la versión televisiva, debida a Fernando Méndez-Leite y protagonizada por Aitana Sánchez-Gijón, Carmelo Gómez y Juan Luis Galiardo, obtuvo generales aplausos de la crítica y el público, con aciertos como el resaltar el papel de doña Paula, la madre del Magistral (interpretada por Amparo Rivelles). Sin duda, esta serie televisiva, que contó con un reparto de lujo y una ambientaciónesmerada, ha marcado un hito en la difusión de la novela de Clarín. Y en el campo de la imagen gráfica, contamos con la interesante versión en dos tomos con guión e ilustraciones del reconocido dibujante Isaac del Rivero en 1999 y 2001.

    Digamos también que en el campo de la narrativa apareció en el año 2000 la obra titulada La segunda vida de Anita Ozores, de la que es autor el economista y político Ramón

    Tamames, quien inventó una historia en la que la protagonista de La Regenta se marcha a Madrid, donde lleva una agitada vida social y sentimental. Esta obra y su autor contaron con el apoyo de ciertas personalidades del mundo periodístico de Madrid, pero el texto no mereció mayor atención en el ámbito del hispanismo ni de los lectores en general.

    Finalmente, señalemos otra muestra del interés que una obra suscita: sus traducciones a otros idiomas. En este sentido y según la información que proporcionan los repertorios bibliográficos sobre Clarín de Noël M. Valis, desde 1971 hasta 2002 se tradujo La Regenta al italiano, alemán, inglés, rumano, chino, francés, griego, polaco, portugués, sueco, japonés y noruego.

    Ahora, cuando La Regenta es considerada una de las grandes novelas de la literatura española, sus lectores, como aquellos críticos del siglo XIX, siguen planteándose la pertinencia o no de las extensas descripciones del ambiente moral, político y religioso de una ciudad en la España de la Restauración (¿y en la de ahora?) y el alcance de la mirada poética del autor, de la ironía, del eterminismo fisiológico o ambiental, de la capacidad para crear personajes de gran fuerza, de la naturalidad o el artificio de una obra que narra una historia que empieza y termina en el mismo lugar, el “poema romántico de piedra” que es la torre de la catedral de Vetusta.